UNA NUBE AMARGA
Se sentó en la orilla del borde y gimió: "Nadie me hace caso". El viento siguió pasando, haciendo las cosas que hace el viento, incluso dentro del propio cuerpo que dijo el absurdo. Luego llovió y de su agua salitrosa se hizo un espejo, donde vió, por fin, la causa de su nube amarga.
Daniel Verdad ©